jueves 1 de marzo de 2012

Encuentros en la poesía I



El lunes pasado tuvimos la gran suerte de contar con la presencia de Antonio Carvajal en Amsterdam.

El motivo fue el comienzo de un ciclo que hemos organizado en la Universidad de Amsterdam junto con el Instituto Cervantes para acercar los clásicos a través de poetas contemporáneos.

La primera sesión no pudo empezar mejor. El publico respondió muy bien a esta actividad (en Amsterdam conseguir público para un acto de este tipo es muy complicado) y fue todo un éxito.

Antonio Carvajal ofreció una charla magistral, no sólo por el contenido sino por la ejecución. Como dijeron algunas personas del público asistente, su voz, su personalidad y su pasión por la poesía fueron un imán que hizo que nadie se quisiera marchar. De hecho tuve que intentar cerrar tres veces el acto porque el público aplaudía y aplaudía cada vez que él terminaba de recitar un poema.

Para nosotros es una satisfacción enorme que la literatura española tenga esta presencia en Amsterdam y nuestra ilusión es hacer de Amsterdam un lugar de referencia internacional para el Hispanismo. Creo que por ahora no vamos por mal camino y el acto de Carvajal fue una muestra de ello.

¡¡Qué gran fiesta de la poesía tuvimos el lunes!!

Os dejo con la fotografía de la portada de su último libro y una del acto.

miércoles 29 de febrero de 2012

Poder y Europa


El otro día un amigo me prestó un libro fantástico para entender cómo funciona el proceso de toma de decisiones en Bruselas. Se llama Comitologie. Le Pouvoir Européen Confisqué. Su autor Daniel Guéguen.

En este libro se explica, de forma amena y sencilla, la articulación del poder en las instituciones europeas y los mecanismos que permiten la toma de decisiones.

Al término de su lectura me reafirmé en la idea de una Europa federal y de los ciudadanos con la desaparición de todos los nacionalismos. Como dice el autor del libro, quizá se trate de un sueño utópico pero también lo fueron otros que se han materializado en derechos universales. Cada vez creo más firmemente en la necesidad de la creación de un partido político europeo que defiende estructuras administrativas despolitizadas en las que la gestión y la eficiencia sustituyan anhelos de superioridad racial, lingüística o étnica.

Por cierto, quisiera que alguien me resolviera dos dudas que tengo. La primera es cuándo se abolió la esclavitud en España. Es decir, en qué constitución o tratado aparece la abolición de la esclavitud por escrito. Yo pensé en la de 1812 pero ahí no pone nada al respecto. La segunda es en qué momento el decreto de Juana "La Loca" que mandaba que hombres y mujeres son iguales ante la ley quedó refutado.

sábado 25 de febrero de 2012

La ciudad de los prodigios


Ayer terminé de preparar una clase que impartiré dentro del ciclo "Literature and Urban Spaces" para estudiantes de máster de mi universidad. Cuando me llegó la invitación hace unos meses no me lo pensé dos veces y acepté en seguida. En primer lugar, porque me lo pidió uno de mis colegas de francés al que admiro mucho y en segundo lugar porque recordaba con felicidad mi lectura de esta novela de Eduardo Mendoza.

Sin embargo, después de haber vuelto a leer esta novela a los quince años de la primera vez, me he dado cuenta de que mi recuerdo estaba más bien trastocado por la nostalgia o quizá simplemente se trata de que el "yo" que leyó aquella novela es distinto al "yo" de ahora. Es curioso esto de la lectura. Uno lee un libro quince años después y ya es otro libro. Ve cosas distintas en él, se fija en detalles que nunca supo que estuvieran ahí o siente de forma distinta lo que está escrito. Y pensar que todavía hay gente en las universidad que enseñan literatura sin tener en cuenta la recepción de los textos...

Ahora, a La ciudad de los prodigios me parece que se le ven demasiado los andamios. El principio me suena a antiguo, a cuando gustaba la prolijidad en los detalles históricos en las novelas para ponerlas en una posición de verdad y el concepto que subyace en la novela me recuerda a una especia de prácticas de laboratorio. Me he quedado con la sensación de como si una persona se metiera en un laboratorio a diseñar genéticamente un tomate mejor y sabiendo que añadiendo un poco de aquí y un poco de allí puede hacer un producto final que guste al consumidor.

Y a pesar de que ahora La ciudad de los prodigios me parece una obra antigua, a la que el tiempo le está haciendo mucho daño y en la que las referencias a Cien años de Soledad son demasiado evidentes hasta el punto de chirriar un poco, al mismo tiempo me parece que es muy entretenida y que consigue adentrarnos muy bien en los cambios fundamentales que sufrió la ciudad de Barcelona de una Exposición Universal a otra.

Espero que los estudiantes estén disfrutando de su lectura tanto como yo lo he hecho releyéndola y preparando esta clase en la que les hablaré y les mostraré cómo era Barcelona en aquellas décadas, les explicaré el Plan Cerdá y les hablaré de Italo Calvino y sus ciudades invisibles para finalmente mostrarles el metraje histórico que el Ayuntamiento de Barcelona ahora ha puesto a disposición de todo el mundo en internet en relación con la Exposición Universal de 1929.

Qué cosa tan extraña esta de la lectura. Uno relee un libro del que cree recordarlo todo y se da cuenta que su visión sobre esa obra era parcial y cerrada. Todavía no salgo de mi asombro

viernes 17 de febrero de 2012

La pasión por el trabajo

Los que han ido acercándose a este blog saben que voy escribiendo aquí por rachas y de manera informal. Siempre me disculpo porque tengo mucho trabajo y literalmente no tengo tiempo para abrir el blog y dedicarle unos minutos. Tengo este blog, como también la escritura de la poesía, como algo secundario, como una afición. Pero de alguna forma se relaciona con esa pasión infinita que siento por mi profesión y por mi trabajo.

Hace muchos años, cuando pensaba en qué carrera estudiar, hubo más de una persona en mi instituto que me decía que matricularse de Filología Hispánica era una tontería con el expediente que traía de la EGB y el BUP y el COU. Es cierto, podría haberme matriculado de cualquier otra carrera y quizá con mucho más tino hubiera podido dedicarme a una actividad con mayor prestigio social.

Sin embargo, como siempre me ha pasado, tuve suerte y alguien cerca que me aconsejara. Mis padres me decían escoge aquello por lo que sientas pasión. Da igual si ganas más o menos dinero pero escoge aquello que te haga realmente feliz. Después de oír aquello pasé una temporada reflexionando sobre qué era lo que realmente me gustaba hacer y qué se me daba bien. Me gustaba leer, escribir sobre lo que leía, ver teatro, pensar, estar en contacto con la gente y, sobre todo, jugar al baloncesto. ¿Qué era lo que me podía permitir hacer todo esto? Se profesor de instituto, pensé. Y por ello me decidí a estudiar la carrera de Filología Hispánica.

Esperé con verdadero entusiasmo entrar en la Universidad. Recuerdo aquel verano previo paseando por Raúl con Granada y contándole que por fin iba a poder tener a gente de mi edad con la que compartir lecturas, hablar de literatura, aprender y saciar mi curiosidad. Hasta ese momento había hablado siempre de libros con mis padres, los amigos de mis padres, mis tíos, mis familiares, Raúl y Nacho, pero me faltaba, al menos eso creía yo, estar en contacto con gente de mi edad que tuviera las mismas inquietudes. ¡¡¡Qué iluso!!!

Lo que me encontré al entrar en la Facultad fue lo siguiente. Por un lado había una gran mayoría de estudiantes que venían rebotados de otras carreras y que estaban haciendo "hispánicas" porque les gustaba leer y en el fondo pensaban que la "lectura especializada" se resumía en dar la opinión de uno sobre lo que le parece bien o no de un libro. Por otro había otra masa de poetas, artistas, "eruditos" y gente que se creía poco menos que Cervantes que se arrogaba saberlo todo y conocerlo todo. Su arrogancia, afectación y actitud pretenciosa lo dominaba todo. Por último, la minoría éramos idiotas que no sabían nada de nada, así nos veían y con ese desprecio nos trataban.

Durante los primeros meses yo no hablaba nunca en clase. Observaba, escuchaba a la gente y tomaba mis propias conclusiones. La marea de pedantes y "wannabe" que incluso cometían la arrogancia de erigirse como los profesores de la Facultad del día de mañana estaba siempre presente. Se trataba de un conjunto de poses vacías. Detrás de cada lectura que decían que habían realizado tan sólo estaba el título de un libro que jamás habían leído. Mi decepción fue total.

Sin embargo, en mitad de aquel ambiente verdaderamente asqueroso por la competitividad (absurda como el tiempo ha demostrado), el "seguidismo" y la pose, uno fue encontrando a sus iguales. Mis mejores amistades se fraguaron fuera de la universidad. Era muy amigo de la gente del Conservatorio Victoria Eugenia con la que me unía una verdadera amistad fraternal en aquel momento. Sobre todo con dos hermanos que son los dos mejores músicos que he conocido en mi vida y aunque ya no los trate siempre les reconoceré el inmenso talento artístico que poseen y defenderé su música allí donde haya que defenderla. Y en la Facultad hice mucha amistad con cuatro personas extraordinariamente inteligentes: Carmen, Antonio, Jesús y Ellen. Y siempre a mi lado estuvieron Raúl y Nacho. De aquellas amistades hay gente con la que no tengo ningún tipo de relación y otros con los que de vez en cuando me escribo, pero sin duda el recuerdo que guardo de aquellos años con ellos es extraordinario.

Uno de aquellos individuos de esa masa de "enterados" me dijo al poco de entrar en la Facultad que tuviera cuidado cuando salieran las primeras notas. No entendí aquel consejo y ojalá lo hubiera comprendido a tiempo. Además de "enterados" aquellos personajes eran muy "cotillas" y no sólo miraban sus notas en los listados sino que además se fijaban en quién obtenía las matrículas de honor. Cuando en aquellas primeras actas yo obtuve matrícula de honor en todas las asignaturas, comenzaron los problemas.

Yo no conocía personalmente a ninguno de mis profesores pero escuché barbaridades de todo tipo: que si mi padre era catedrático del departamento, que si yo en secreto le había estado haciendo la pelota a no se quién e incluso se extendió un rumor incomprensible que mantenía que el catedrático Juan Carlos Rodríguez era mi abuelo. De risa, la verdad. En realidad mi vida era mucho más sencilla. Yo iba a clase y en cuanto salía de la Facultad tenía otra vida: la de mis amigos músicos, mis amigos del instituto, el baloncesto y la extraordinaria biblioteca de mis padres con los que hablaba y hablaba de literatura más que nunca. A partir de ese momento tuve que soportar todo tipo de insultos. Lo más gracioso era que cuanto más me insultaban y se metían conmigo por mis buenas notas, menos caso les hacía caso y más me centraba en algo nuevo que estaba descubriendo: la carrera académica.

Fue entonces cuando decidí marcharme a Inglaterra a estudiar con Richard Cardwell y Bernard McGuirk (que terminarían siendo mis directores de tesis). Entre Nottingham y Granada había convenio erasmus. Cardwell y McGuirk eran dos estudiosos de un prestigio inmenso y pensé que podía ser una experiencia positiva ir a sus clases. Como quería sacarle el mayor provecho intelectual a mi año académico en Inglaterra, le pregunté a todos mis profesores en Granada. Me dieron muy buenos consejos y me animaron a aprovechar la estancia. Mientras tanto, los "enteraos" (por cierto El Selu montó en los carnavales de Cádiz una estupenda chirigota sobre esta gente) se reían de mí cuando conocían que me iba a Inglaterra, nada menos, a estudiar "hispánicas". Menuda estupidez, me decían. Ya aquello constituía una buena muestra de su ignorancia. Todo el mundo, por muy torpe que sea, sabe bien que el Hispanismo inglés ha sido y es de una importancia fundamental.

Con mis profesores de Granada siempre me llevé muy bien. Yo no era de los que están metidos todo el día en el despacho pero sí que solía acercarme a preguntarles por más lecturas al final de las clases cuando había un tema que me interesaba mucho y tenía curiosidad por saber más. Desde mi ingenuidad no me daba cuenta de que ese era un signo que los "enterados" interpretaban como que yo era un pelotas profesional, un pedante y un enchufado. Qué le íbamos a hacer. De todas formas me daba exactamente igual por entonces lo que pensaran porque yo ya me iba a Inglaterra con mi beca Erasmus y a trabajar con Cardwell y McGuirk.

Sin embargo, tres días antes de irme a Inglaterra. Ya en septiembre de ese año, cuando tenía todo preparado, iba caminando por la calle con Raúl y me comencé a sentir mal y a duras penas conseguí llegar a mi casa. A los días me diagnosticaron una apendicitis aguda con un montón de complicaciones que se materializaron en una importante hemorragia interna en el aparato digestivo provocada por los anti-inflamatorios de la cirugía que tuvieron que aplicarme. Mi enfermedad tuvo a toda mi familia y a los amigos en vilo durante los cuatro días que estuve muy grave. Yo no recuerdo mucho de aquellos cuatro días. A veces se me vienen imágenes y recuerdo voces, pero según dicen estuve delirando por la fuerte medicación, perdí el conocimiento muchas veces y también mucha sangre hasta que fue un médico al cuarto día el que encontró el punto exacto de la hemorragia y me salvó la vida.

Al salir del hospital un tiempo después, pensé con rabia en que tendría que volver a una Facultad poblada, en su mayoría, por "personajes". Ante ese panorama, decidí matricularme de todos los créditos que me quedaban para terminar la carrera y dejarme unos pocos para volver a pedir al año siguente la Erasmus que había perdido. Tardé mucho en recuperarme pero gracias a Antonio y Carmen, que fueron los únicos que me dejaron los apuntes de las clases a las que no pude ir cuando estaba en el hospital y convaleciente (el médico no me dio el alta hasta pasados 6 meses, así de grave fue el asunto), pude ir estudiando en casa y presentándome a los exámenes a los que me subía mi padre en coche porque todavía no tenía fuerzas para ir en autobús.

Cuando los profesores se enteraron de lo que me había pasado, se preocuparon (como lo habrían hecho por cualquiera que hubiera estado tan grave) por mí. Y fue aquí donde tuve el golpe de azar que cambió todo. El primer día que subí a la Facultad desde el comienzo de mi enfermedad me encontré en las escaleras a un catedrático que se sorprendió mucho al verme en Granada y tan delgado. Le expliqué la historia de lo que me había ocurrido. Fruto del destino, Bernard McGuirk había estado el día de antes dando una conferencia en Granada y como el conferenciante de ese día había cancelado, McGuirk iba a repetir con otra charla y por eso aún estaba en la ciudad. El catedrático me dijo que si iba a la charla de McGuirk me lo presentaría porque en Nottingham habían sentido curiosidad por aquel muchacho que finalmente no había ido a estudiar con ellos porque había enfermado de gravedad.

La charla de Bernard fue magistral. Aquella tarde decidí que quería ser profesor de universidad. El catedrático cumplió su palabra y me presentó a Bernard y él, tan en su estilo como luego he podido comprobar a través de los años, me invitó a tomar algo.

Con esto quiero dejar zanjado de una vez por todas el tema de las leyendas y habladurías que hay en mi ciudad natal sobre mí:

1) Siempre me he llevado muy bien con mis profesores de Granada. No me fui a Inglaterra por alguna razón oculta ni estaba "enchufado". Me fui porque mis propios profesores me lo aconsejaron ya que el sistema universitario español estructuralmente no me podía ofrecer lo mismo que el inglés.

2) Ahora tengo amistad y mantengo una relación colegial con algunos de mis antiguos profesores de Granada con los que colaboro en publicaciones y proyectos.

3) Mi padre es catedrático de instituto de literatura española y ha sido y es mi mayor maestro pero no conocía a nadie en Nottingham. De hecho, fue Bernard el que vino a Granada a convencer a mis padres, a los que no conocía de nada, que yo debía continuar mis estudios en Inglaterra donde tenía más posibilidades para conseguir un buen puesto y desarrollar mi carrera académica, tal y como luego así ha sido.

4) No pertenezco a ninguna camarilla literaria ni académica. Sí, bueno a una en todo caso, a la de Jeremy Lawrance que es uno de mis mejores amigos y cuya generosidad y rigor académico al margen de cualquier moda o pose constituyen referentes fundamentales para mí. Digo que pertenezco a su grupo porque él nos invitaba un día sí y otro también a comer a su casa y apostó en su proyecto de investigación por una serie de personas jóvenes fijándose tan sólo en el talento. Es la persona más desprendida de prejuicios que conozco. Si tengo que ser de algún grupo, me quedo en el de Jeremy.

5) Y, aunque mis antiguos compañeros de Facultad no lo crean y perseveren en la maledicencia, sí se puede llegar a tener un puesto como el que tengo en Amsterdam sin enchufes y siendo independiente. Yo pedí el puesto de Amsterdam porque mi novia, con la que llevo 7 años, vive y trabaja en Bruselas y quería estar más cerca de ella. No hubo otra razón. Tuve suerte y me lo dieron.

6) Nunca nadie me ha regalado nada y toda mi trayectoria está avalada por una cosa que jamás entenderán los envidiosos: la pasión por el trabajo bien hecho.

La razón por la que escribo esta entrada tan autobiográfica es porque hoy he recibido un mensaje anónimo en el blog. La escritura, el odio y la violencia del lenguaje delatan quienes lo escriben y de dónde viene. No es la primera vez que la misma persona(s) hace esto en el blog y tampoco voy a darle publicidad ni a mencionar su nombre porque esta(s) persona(s) viven del aire y de llamar la atención. Pero estoy ya cansado y como veo que en España se aplica lo de calumnia que algo queda pues he considerado oportuno zanjar este tema para siempre. Cuando yo vivía en Granada esta persona y sus compinches ya se encargaron de incluso insultarme en los periódicos, en mi etapa de colaborador en un periódico local, y por supuesto lo han hecho muchas veces de forma menos velada en otros lugares. Lo que no puede comprender esta persona es que el trabajo bien hecho y el azar hayan sido los dos únicos elementos que me han llevado a poder disfrutar de tanta felicidad en los casi 10 años que llevo ya de carrera académica. Todavía existe mucha gente incorruptible y yo llevo a gala serlo.

Y no, no van a conseguir que odie Granada, que yo piense que todo el mundo allí es como ellos. En Granada tengo muchísimos amigos, hay mucha gente a la que respeto intelectualmente tanto fuera como dentro de su Universidad y tengo a mi familia. Si yo pensara que Granada son ellos sería estúpido. No, para mí Granada es el panadero que se alegra con sinceridad cada vez que me ve, Granada es la vecina que te ve dos veces al año y con franqueza te pregunta por cómo te van las cosas, Granada es un conjunto de personas que viven con dignidad intentando aportar lo que mejor tienen sin ningún ánimo de querer erigirse como pontífices o que el mundo entero les haga reverencias.

Y sí, soy amigo de Antonio Muñoz Molina y qué pasa. Como lo soy de José Ricardo Morales y lo soy de otra tanta gente con talento mucho menos conocida. Y admiro a Antonio tanto personalmente como intelectualmente y no tengo ningún reparo en reconocerlo públicamente y en privado. ¿Me convierte eso en un "acólito" de Antonio? Qué simpleza más miserable que me acusen de eso.

Hace unos días, y con esto termino, el propio Antonio Muñoz Molina escribía que hay mucha gente a la que no le gusta escribir sino ser escritor. Creo que hay muchos escritores frustrados en Granada aunque vayan blandiendo por el aire el mérito de sus corruptos premios literarios conseguidos de las formas más sospechosas. A mí lo único que me mueve es la pasión por mi trabajo y el entusiasmo de vivir con lucidez mis días a lado de aquellas personas a las que más quiero. A ellos, los que se han tomado la molestia de escribirme el largo mensaje al que respondo y no reproduzco por la falta de clase que demuestran sus insultos, no creo que haya nada más que les mueva que la envidia, la frustración y la maledicencia. Como siempre dice mi padre: "que con su pan se lo coman".



domingo 29 de enero de 2012

Escandaloso

Acabo de leer en prensa que por primera vez en un país de mayoría musulmana se va a retransmitir un documental sobre el Holocausto. La noticia aparece en El Mundo esta noche.

Lo que no dice la noticia es que "Shoah", el documental que van a poner en la televisión estatal turca, no ha sido nunca emitido en España ni siquiera estuvo en la cartelera de los cines.

¿De qué se sorprende el periodista? Cada vez que abro un periódico español lo que leo es escandaloso.

viernes 27 de enero de 2012

El dolor

Hay muchos tipos de dolor. En algunos casos, el dolor es una cicatriz oscura que nos acompaña toda la vida cuando alguien muy querido fallece. Solemos decir que con el tiempo el dolor desaparece pero es totalmente falso. Ese dolor permanece ahí, insondable, pegado a la piel convirtiéndose en un objeto con el que únicamente puedes negociar los días y las horas de insomnio.

Hace unos días una muchacha joven se mató delante de mí en Amsterdam. No la conocía. La había adelantado en el trayecto varias veces con mi bicicleta y ella a mí. Ella llevaba una marcha irregular porque, durante todo el camino, iba hablando por teléfono. Me llamó la atención su bicicleta porque era nueva y también que en un par de ocasiones había cometido la temeridad de saltarse los semáforos.

Muy cerca de Leidseplein me detuve en un semáforo. Ella volvió a saltárselo pero en esa ocasión un coche la atropelló con tal fuerza que salió despedida contra un autobús que venía en dirección contraria que, al golpearla, la proyectó 10 o 15 metros sobre la calzada.

El conductor del primer vehículo lloraba mientras el conductor del autobús llamaba a la policía y una ambulancia y una mujer, que supuse que debía ser médico, se apresuraba a tomarle el pulso y a intentar la reanimación cardiorespiratoria. No había esperanza: había muerto en el acto.

Me quedé inmóvil durante un buen rato. Cerca de mis pies estaba el sillín de la bicicleta impoluto y perfecto, como si no hubiera ocurrido nada. A más de 20 metros se encontraba la bicicleta totalmente tronchada como la rama de un árbol arrancada de cuajo durante una tormenta. Y en el suelo ella, entre restos del teléfono móvil, con el rostro pálido casi de tonos grises y amarillentos.

Ese mismo día tenía varias reuniones, mis estudiantes hacían un examen y, por la tarde, había quedado con amigos para tomar algo y hablar de nuestras cosas. Fue el sonido de la ambulancia cuando llegaba lo que me hizo reaccionar. Me fui a trabajar pero ya yo no era yo aquel día. Se lo conté a mi ánima sin nombre y ella me llamó varias veces para asegurarse que estaba bien y mi admirado y genial Rudolph me aconsejó que no trabajara esa noche y que viera cualquier cosa en la tele y me fuera pronto a la cama. Esa noche no dormí bien y pasé un par de días desanimado.

Lo que aún no conseguía entender era por qué la imagen de una persona que no conocía de nada, que además perdió la vida por su propia temeridad, se convocaba de forma inesperada entre mis recuerdos. Anoche vinieron Dorotka y Stephan a tomar algo y cenar en casa y ahora esta mañana al ver las copas vacías donde aún están prendidas las sonrisas de anoche por fin he comprendido que los muertos, aunque desconocidos, siempre son muertos que forman parte de nuestro equipaje emocional y más íntimo.

Hoy mientras amanecía y Bruselas empezaba a desperezarse tras los cristales, le he pedido a la mañana que no permita nunca que la muerte me deje indiferente porque si eso ocurriera entonces el que estaría muerto en vida sería yo y no me lo perdonaría.

lunes 16 de enero de 2012

Conversaciones surrealistas

Por fin me puedo sentar en el sillón a descansar un poco. Llevo ya días corrigiendo sin parar el inagotable torrente de ensayos que no paran de caer en mis manos. Espero que esta semana se acabe el suplicio.

Ahora cuando recogía mis cosas en el cuarto de estudio de nuestra casa de Bruselas y pensaba en cómo organizar la agenda los próximos días en Amsterdam, se me ha venido a la cabeza el flash de algunas conversaciones surrealistas que sufrí en Granada de las que todavía me río cuando me vuelven a la memoria. En este instante mi ánima sin nombre me mira porque me estoy riendo solo al escribir esta entrada. Cosas que le pasan a uno...

1) Conversación surrealista: Voy tranquilamente andando por la calle de camino a casa de mis padres. Acaba de enviarme una caja con libros a Amsterdam, de esos que a uno no le entran en la maleta pero que no puede perdonarse dejar tan lejos. Bueno, pues el caso es que me encuentro con antiguo Compañero de la Carrera (que en otras ocasiones ni me ha saludado por la calle). Aquí va la transcripción:

CC: Hola Pablo, feliz año.
Yo: Feliz año ¿Qué tal? Me alegro de verte. ¿Cómo te va todo?
CC: ¿cómo es que tú ya estás por aquí?
(Me encojo de hombros y no sé qué contestar)
Yo: He venido a ver a mis padres por las vacaciones...
CC: Ah... como todos, como todos.
Yo: Bueno, ¿y cómo estás?
CC: Tengo clase. (y se marcha)

Y yo me quedé, pues muy bien muchacho jajaja y me fui tranquilamente para mi casa sin haber entendido qué había pasado ni que clase de conversación había sido. Sobre todo sigo sin entender esa pregunta de " ¿cómo es que tú ya estás por aquí?".

2) Conversación surrealista: Voy andando por la calle y me encuentro con la madre de un antiguo amigo. Transcripción de la conversación:

Madre: Pues, Fulanito (prefiero no decir el nombre) sí que ha triunfado.
Yo: Hola ¿Cómo? Perdona no te he entendido.
Madre: Pues que Fulanito ha salido en el periódico qué ha ganado un montón de premios de literatura.
Yo: (Pensando, por qué me cuenta esta mujer esto y yo qué tendré que ver con los premios ni con nada de eso y le contesto desconcertado) Ah, muy bien. Hasta luego, me alegro de verte.

Y sigo andando a lo mío.

3) Conversación surrealista:

Persona X a la que conozco pero escasamente he tratado, se acerca y sin saludo mediante me dice: Tú ganas bien, ¿no?
Yo: (Me encojo de hombros) Silencio
Persona X: Pero ¿eres ya más que tu padre o no?
Yo: Hasta luego, me alegro de verte. (Y me fui)

4) Conversación surrealista:

Persona X: Pero allí no tenéis de esto (señalando una tapa)
Yo: ¿Cómo? ¿Dónde? ¿En Ámsterdam o en Bruselas?
Persona X: ¿Pero tú no vivías en el extranjero?


En fin, queden aquí algunas muestras de conversaciones para quedarse a cuadros jajaja. En cuanto pueda voy a releerme algunas obras de José Ricardo Morales. Creo que no me he reído tanto con ninguna otra pieza teatral. Qué absurda es el mundo.